Miradas del destino


Alguien que se portó muy mal conmigo hace muchos años, pasó frente a mi, mientras hacia la cola del cajero automático con mi bebé en brazos. Durante varios segundos nos miramos fijamente a los ojos, en los cuales pude notar algo de ternura y vergüenza. Fueron 6 ó 7 segundos algo intensos, pero no hubo un saludo siquiera, simplemente agachó la cabeza y siguió su marcha. 

Ya no es ni la sombra de quien fue, era muy bella, alta, esbelta, pero muy creída y cruel. Hoy día está muy delgada, se ve cansada, su rostro algo demacrado, y con un maquillaje que apenas logra disimular sus ojeras. Mientras se alejaba, redujo el paso de sus tacones altos y volteó, me miró con arrepentimiento, como con sentimiento de culpa, llevó su mano a la cara con evidente tristeza y desapareció entre la gente. 

Quizás verme con mi hijo le afectó, probablemente esté pagando lo que hizo, pero realmente no me importa, solo sentí algo de lastima por ella. No le tengo rencor, hace ya casi una década, pero creo que cada quien obtiene lo que merece, para bien o para mal.

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